"JAQUE MATE"
-"¿Estás en la luna de miel jugando ajedrez?"- -"¿Fuiste a Cartagena a eso?"- -"La luna de miel es para tomar, dormir y hacer otro tipo de cosas en pareja"-.
Debo aceptar que, aunque suene un poco nerd, y pese a que, no fuimos a la luna de miel precisamente a jugar el deporte ciencia, si pasamos algunas horas de nuestro viaje jugando ajedrez. Yo, soy un hibrido entre una niña-mujer-adolescente-anciana; me gusta ver caricaturas, soy mimada, pero a la vez me gusta despertarme temprano, tomar café, estar en la casa y hacer algunas cosas de ancianos como escribir y leer; Sebastián me ama, y bueno, me sigue la corriente.
La primera vez que jugamos ajedrez no fue al ver "Gambito de Dama" como sucedió con muchas personas influenciadas por la moda de la popular serie. Estábamos de viaje en el municipio de Jardín (Antioquia), recordando un pequeño viaje de ensueño que habíamos tenido un par de años atrás.
A diferencia de nuestro primer viaje a Jardín, esta vez no llevábamos bicicletas y el viaje era un son de descanso más que ejercicio, así que, decidimos salir a dar una vuelta por el pueblo y bajando del hotel a la plaza principal vi un lugar que me llamó la atención, era un café lleno de libros. -¿Ahora podemos venir acá- Le dije emocionada a Sebastián.
Al llegar a un popular café que hay en el parque del pueblo comenzó a caer un aguacero impresionante y todos los cafés, tiendas y restaurantes de la zona se llenaron. Así que decidimos ir a ver cómo estaba la situación en el café de libros que yo había observado unos minutos antes.
Entrar a este lugar fue como llegar a un lugar mágico, un sitio de aquellos con los que suelo tener algún tipo de conexión especial. Vendían libros, cafés y repostería, además en la pared opuesta a la entrada habían un par de sillas mecedoras que le daban al lugar un toque diferencial. Al preguntarle a la mujer que atendía el lugar si tenía juegos de mesa para pasar el rato mientras tomábamos algo, ella nos dijo que solo tenía ajedrez y nosotros insistimos en jugar.
Yo ya sabía jugar pero hace mucho no lo hacía, le expliqué los movimientos básicos a Sebas y quedamos locamente encarretados por el deporte ciencia. Jugamos ajedrez toda la tarde hasta que dejó de llover y regresamos al hotel, obviamente antojados de comprar un tablero para nosotros.
Así fue como parte de nuestro equipaje de la luna de miel fue un ajedrez portátil con fichas imantadas que nos acompañó todo el camino. Es obvio que no toda la luna de miel nos la pasamos jugando un deporte de nerds; también bailamos, tomamos, nadamos, careteamos, comimos, conocimos, turisteamos, caminamos, montamos en bicicleta y volvimos a bailar; pero, mientras estábamos tomando una cerveza en la piscina podríamos comenzar una partida en la que se nos podían ir varias horas de risas en la terraza del hotel hasta que comenzaba a caer la noche. En total jugamos 12 partidas con un empate técnico 6 las ganó Sebas y 6 las gané yo, aunque debo confesar que él mejoro mucho, pues al principio yo iba ganando 5 a 0, pero él insistía en jugar otra hasta que la racha cambió de ganador.
Nos reímos, burlamos, hicimos maldades y diseñamos jugadas de ataques que solo se dan en el tablero, porque en la "vida real" somos un equipo, como particularmente lo son la Reina y el Rey en el ajedrez: la reina sin el rey no puede jugar, y el rey sin la reina es solo debilidad.
